CIPRIANO FERNÁNDEZ. SAN MARTÍN DE VALDEIGLESIAS, MADRID

A Cipriano le llaman “el Arús”. Nació en 1932. Fue criado y casado en San Martín de Valdeiglesias, como sus padres. Araba las viñas de los vecinos que le pagaban la huebra y también tuvo las suyas propias, que dejó a sus hijos

Autor: Cultura Líquida

Presentamos un nuevo podcast de La Memoria del Vino. Cipriano trabajó como ganadero, oficio con el que recorrió todas las dehesas y montes del entorno. Con el recuerdo de su mochila de cuero y sus largos días en el campo, nos cuenta cómo fue su vida.

Reproducimos un extracto de lo que podrás escuchar en el podcast.

“Ahora todo el mundo lleva mochila, pero antes gastaban mochila de cuero o la hacíamos con la piel de una cabra o algo. Tuve 60 u 80 cabezas de ganado, pero las tuve que vender. Las llevo en el alma todavía. Yo tendría unos 14 o 15 años cuando me fui con el ganado. Nos íbamos al monte y ya no volvíamos a casa. Teníamos la choza y allí hacíamos la vida. Estercolábamos con las ovejas las fincas y nos daban la cena los dueños de las fincas.  Con eso nos pagaban”. 

“Yo siempre me he dedicado a los animales. Cuando ya quité las cabras compré una mula y araba a vecinos. Me pagaban la huebra que se llamaba y así pues se iba pasando la vida. Los dueños de las fincas que araba, si estaba la huebra a 1000 pesetas o a 500 pues eso me pagaban. Yo tenía que arar 1000 cepas todos los días, que era una hectárea de tierra. Así que eso ha sido mi vida. También estaba por las viñas de la zona. Yo tenía algunas fincas de viñedo pero se las di a los hijos. Yo nada más que me quedé con una cerquita y allí pues iba de paseo. Allí he pasado mucha vida. Hasta que ya los hijos me han quitado de allí porque decían que si me iba a caer y ya el único que lo lleva es mi hijo Jandri”.

“Yo al viñedo iba con una mula, yo no he tenido tractor nunca. Iba con mi mula. Una mula muy buena. En cuanto a las labores de campo, araba. Daba dos vueltas que se llamaba alzar y cruzar. Y luego ya lo del campo lo hacían otros obreros que se dedicaban a eso.  Alzábamos primero la finca y luego si arábamos esta calle por aquí, luego cruzábamos por aquí y ya se quedaba labrada para 4 años. El que se dedicaba a alzar luego iba a hacer el estiércol, a hacer los troncos, a despampanar, a podar… Podar he podado mucho, mucho. He ido con buenas cuadrillas a podar. Yo me enseñé porque me gustaba. Aquí había muchas cepas, muchas, muchas, muchas…lo que pasa es que ahora está todo perdido. Y había una bodega grandísima, de cooperativa, que creo que ahora ya habrá cerrado porque se ha quedado el campo tan malo, la gente ya casi no lleva uva”. 

“Os voy a decir una cosa muy fácil: se perdió todo porque la juventud ya empezó a no querer campo. Al no querer campo, la mayoría de los viejos han fallecido. Y los que no, estamos como me veis a mí. Con dos garrotes y cobrando la miaja que nos han dejado”.

“Tengo cuatro hijos, 3 hijas y mi Jandri. Son muy buenos y me tienen muy bien apañao. Nada más que tengo el vacío de mi mujer que me falta, que era lo que más quería en este mundo. Y así estamos, ya lo ves. Se llamaba Felisa”.

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